jueves 15 de diciembre de 2011

Capítulo 13 (continuación)

El cielo estaba cubierto por las nubes cuando salió aquella tarde. Aunque no le apetecía descansar, debía volver pronto a la corte para hacerlo. Quería empezar con buen pie la relación con su nueva maestra, y el mejor modo de conseguirlo era haciéndole caso. No podía notar a la mañana siguiente que no había descansado lo necesario. Mientras se dirigía al mercado por tercera vez en aquel mes, revivió el momento en el que ella se le había acercado. Desde el primer momento se había visto impresionado por su manera tan dura de ser, completamente distinta a la de Frat, que había sido para él el padre que no había tenido. Sin embargo, Hellen le había tratado de una forma un tanto grotesca y altanera a su parecer. Solo esperaba ganársela con el tiempo y demostrarle la suerte que había tenido cuando al haber sido la elegida para cuidar su formación.

Se respiraba el mismo ambiente de siempre en el mercado. Las personas iban y venían de un lugar para otro, alocadas, como si les fuese la vida en ello, como si en cualquier momento los artilugios fuesen a desaparecer de su vista, perdiendo la oportunidad de comprarlos. Aquella misma tarde, antes de partir, George había recibido una pequeña ayuda económica para adquirir lo que le fuese a hacer falta en la corte. Se había asegurado primero de hacerse con otro traje antes de marchar al mercado, donde decidió que compraría lo justo y necesario, sobre todo vestimenta y objetos domésticos. Esta vez le costó algo más encontrar el puesto que buscaba. Siempre que había acudido a aquel lugar había centrado su atención en las armas y otros productos de mayor interés que los que ahora necesitaba, los cuales habían sido siempre tarea de su madre. Apenas gastó la mitad del dinero que había recibido. Su camino de vuelta le obligó a pasar entre los puestos de espadas, lanzas, arcos y demás artículos de guerra. Recordaba alguna de las caras de los vendedores, a los que saludó. Cuando pasó por las espadas, observó que la persona que le había atendido en la anterior ocasión no se encontraba allí. En su lugar se encontraba un hombre joven con cara de despistado. Mantenía la mirada perdida en la lejanía. Aquello le resultó realmente extraño. Por lo general, los comerciantes eran siempre los mismos, ya que el negocio les pertenecía a ellos. En raras ocasiones enviaban a atenderlo a algún pariente. Sin embargo, la persona que ahora dirigía aquel puesto no guardaba relación alguna con su anterior dueño. Ni siquiera había un rasgo que pudiera identificarle con el hombre que le había atendido. Muy pronto comprobó que no se le parecía ni en el modo de ser. Al contrario que su antiguo dueño, la persona que ahora regentaba el negocio era muy nerviosa y asustadiza. Por el contrario, el hombre que había conocido hacía unas pocas semanas se había mostrado desafiante y su comportamiento había llegado a ser insultante. Intentó recordar la conversación que habían mantenido…cayendo en la cuenta del grave error que había cometido.

martes 22 de noviembre de 2011

Capítulo 13 (continuación)

Observó durante unos segundos el grupo de maestros, no tardando en reparar con la figura de su nueva maestra. Le bastó con comparar a las dos mujeres que se encontraban en aquel lugar para saber cual era: intentaba mantener la compostura aunque se le notaba más afectada que a su otra compañera.
El hombre esperó a que los cuchicheos y murmullos cesasen y continuó:
-A partir de este momento quedas subordinado a tu nueva maestra. Tómala como modelo y llegarás a ser el caballero que la corte necesita. Nos eres muy importante, George.
Sin pretenderlo su vida estaba ahora sujeta a dos personas que ejercían la función de un padre y una madre: John Leravy, su capitán; y Hellen Collingham.
-Doy por concluida esta ceremonia. Esperamos que tu nueva vida en la corte sea instructiva y placentera.
Los demás miembros de la mesa que habían presidido el acto, se levantaron y siguieron al que después George descubrió que se llamaba Philip Weir, aquel que le había enviado la carta que le informaba de que había superado la prueba y que había sido nombrado consejero. Juntos desaparecieron por la parte trasera de la sala. Los maestros y demás personas que formaban parte de la corte se levantaron también y fueron desalojando la sala. A continuación les siguió la gente de la ciudad que había acudido aquella mañana a presenciar la ceremonia. Una de las personas de la corte se separó del grupo y se dirigió hacia el: era su nueva maestra. Caminaba con una pequeña sonrisa y paso decidido. A pesar de su porte juvenil, –no tendría más de treinta años- imponía respeto. El hecho de que no se mostrase seria hizo que se sintiese algo más cómodo. Su estatura era similar a la suya. Tenía los ojos del mismo color que se pelo: castaños. Y al igual que él portaba una espada que pendía de su cinto.
-Como ya sabes soy Hellen Collingham, tu nueva instructora – le dijo mientras le daba la mano-. Comenzaremos mañana con la instrucción. Esta tarde sería bueno que aprovechases para descansar, mañana te espera un día muy duro, te lo aseguró. Acabas de recuperarte de una dura misión y necesitas coger las máximas fuerzas posibles si quieres aguantar el ritmo de los entrenamientos. Empezaremos con una parte más teórica para acabar con el manejo de las armas. Para ser más exacta, empezaremos con el aprendizaje de las costumbres y modales. Creo que te vendrá muy bien, puesto que no sabes ni cómo saludar a una mujer que se encuentra por encima de tu rango.

Al momento, su cara se enrojeció y deseó salir corriendo de allí. A pesar de que desconocía por completo cuales eran esos modales y costumbres a las que se había referido, se dio cuenta de que había metido la pata al haberla tratado como si fuera su hermana. Ella le había tendido la mano no para que la estrechase simplemente con delicadeza, como lo había hecho, sino para que actuase de una manera que el desconocía. Se arrepintió de que Frat no le hubiese enseñado aquellas maneras de comportarse. Él siempre se había mostrado reticente a aprender aspectos que le habían parecido estúpidos, lo cual había terminado por lograr que su antiguo maestro se centrase en otros aspectos más prácticos. Ahora era cuando empezaba a valorar aquella enseñanza aparentemente nimia.
-Por cierto -le dijo mientras se daba la vuelta para salir de la estancia-, bienvenido a la vida monótona.

lunes 21 de noviembre de 2011

Capítulo 13 (continuación)

-Bienvenido, George, a esta ceremonia –le dijo mientras le miraba fijamente. Te encuentras hoy aquí, delante del consejo real de la corte, que ya ha decidido quién será a partir de este día la persona encargada de guiarte en esta nueva etapa de tu vida que comienza.
Para George, se trataba de algo más que una nueva etapa, se trataba más bien de una nueva vida, como si naciese de nuevo.
-Será la encargada de enseñarte todo lo que debes saber y de hacerte mejorar, convirtiéndote en un miembro digno de esta gran familia -continuó.
¿Acaso no lo era ya? Había demostrado su valía en su primera misión, en la que había estado de dejarse la vida por la corte. Al parecer, aquello no había sido suficiente. Sin parientes cercanos, más le valía ser admitido pronto en una nueva familia.
Se hizo un silencio incómodo. Un sirviente vestido de forma muy elegante atravesó el pasillo portando consigo un pergamino enrollado y sellado y se lo tendió al hombre que dirigía la ceremonia. Con mucha calma, quitó el sello y lo desenrolló. Al parecer todo iba a concluir mucho antes de lo que había previsto. Entendía que Frat no le hubiese dicho nada: no había nada que decir o explicar.
-En nombre de este consejo –comenzó a leer-, me complace informarte que, con motivo de tus cualidades demostradas en la prueba de admisión y en la realización de tu primera misión, se te ha asignado como guía en tu nuevo periplo en la corte –levantó la mirada de la hoja dirigiéndola al grupo de maestros- a Hellen Collingham, que será la encargada tu adiestramiento desde este mismo instante.
Se escucharon murmullos entre la gente del pueblo que había asistido al acto. Cualquiera hubiese apostado que iban a encomendar la tarea de formarle a un varón, debido al número tan elevado de hombres en el grupo y las pocas posibilidades que había de que le tocase una maestra. El más sorprendido era George. Si tal y como opinaba, tanto la prueba como la misión las había realizado superando las expectativas, lo más lógico es que se nombrase a un maestro para cuidar su formación. No porque una mujer no pudiese hacerlo igual de bien o incluso mejor, sino porque los varones, desde siempre, habían sido más dados al combate y la enseñanza en la corte. Le daba la sensación de que le habían asignado una niñera.

jueves 3 de noviembre de 2011

Capítulo 13 (continuación)

No tuvo apenas que esperar a que las puertas se abriesen. Una voz - que supuso que provenía de uno de los guardias que se encontraban dentro de la gran sala – anunció su nombre. Fue anunciado como mensajero oficial de la corte, recién admitido. También se hizo mención al primer cometido que había realizado con éxito. Con caminar dubitativo entró en la sala y fue acercándose al centro de la misma, situándose a la vista de todos los asistentes a la ceremonia. Observó que la habitación había dado un vuelco completo en comparación a como él la recordaba. Había sido acondicionada para la ocasión con telas de todo tipo y color que decoraban las paredes. La mesa principal, que el día de la prueba se había encontrado a su derecha, estaba ahora en frente de él. Las rejas que por entonces habían custodiado a los drenks habían desaparecido, aunque se podían apreciar los huecos en la pared que indicaban que realmente una vez estuvieron allí. Habían acudido un gran número de asistentes. Recorrió con la vista la mesa principal descubriendo al jefe del consejo que el día de su prueba había estado en esa misma sala. También encontró a John Leravy, su capitán. En cuanto al resto de miembros de aquella mesa, era la primera vez que los veía. A su izquierda se encontraba un grupo de personas de la corte, que a juzgar por sus uniformes, debían ser los maestros. Destacaban sobre todo los hombres, aunque también había dos mujeres. En total podría haber unos treinta. Todos le observaban fijamente, observando sus movimientos, su porte, su actitud. Además, en la sala había también un buen número de guardias y, para su sorpresa, algunas personas de la ciudad que habían acudido allí a presenciar el acto. Recordó entonces que Frat le había dicho en una ocasión que la ceremonia estaba abierta al público, ya que la entrada de un individuo en la corte suponía la entrada en una forma de vida dedicada por completo a la protección y servicio de la sociedad. Por eso acudían personas interesadas en saber qué tipo de personas admitía la corte. Buscó con la mirada a su antiguo maestro, pero no le localizó. Seguramente había decidido no acudir para evitar problemas.

Desconocía por completo cómo se llevaba a cabo la ceremonia. Frat no había querido detallarle nada porque quería se mostrase a los miembros de la corte tal y como era, que fuese él mismo. Por fin, el hombre que al parecer se encargaba de controlar el transcurso de la ceremonia, se levantó de su asiento y se dirigió a George.

jueves 27 de octubre de 2011

Capítulo 13 (continuación)

Pudo comprobar que vivía realmente en un lugar demasiado grande, le iba a costar hacerse al entramado de pasillos y escaleras que surcaban el edificio, seguro que más de una vez debería pedir ayuda a las personas que, como Nolwain, había distribuidas por la corte para atender a sus residentes. Se quedó asombrado con la gran cantidad de libros y archivos que se guardaban en la biblioteca, y decidió que más de un día acudiría a esa fuente de saber a pasar el tiempo, durante sus ratos libres. Siempre y cuando, eso sí, aprendiese a leer. Su madre nunca había sabido leer y escribir, al igual que su padre, por lo que durante aquellos años le había sido imposible aprender aquello que aprendido con Frat que era fundamental para su vida, y más ahora que había entrado en la corte. Le pediría a su maestro que le enseñase, aunque temía que se viese decepcionado por su ignorancia.

Cuando acabaron de visitar la mayor parte de las estancias, apenas quedaban unos minutos para que diese comienzo la ceremonia. Apresuradamente se dirigió acompañado por Nolwain a una sala de espera que resultó ser aquella en la que había estado esperando los momentos previos a realizar la prueba. Seguía siendo tal y como la recordaba: una habitación de pequeñas dimensiones en la que había un par de bancos de madera pegados a la pared. Igual que la vez anterior, no fue capaz de sentarse ni siquiera un instante. Estaba bastante nervioso, quizá menos que la otra vez, y no era capaz de permanecer de pie sin moverse de un lado para otro. Según entraron en la sala, Nolwain se retiró para atender sus labores y se quedó solo, ya que los dos guardias actuaban como dos estatuas que hubiesen estado siempre allí, inmóviles.

martes 25 de octubre de 2011

Capítulo 13 (continuación)

A la mañana siguiente se despertó un tanto confuso. El sueño de aquella noche le había dejado aturdido: parecía como si realmente él lo hubiese vivido, como si hubiese estado allí contemplando lo que sucedía. La ceremonia se celebraría a media mañana, y al día siguiente comenzaría su nueva etapa como pupilo en la corte. Se preguntaba si era posible que Frat no le hubiese enseñado todo lo que podía aprender. A lo mejor cabía la posibilidad de que su entrenamiento se acortase debido a la instrucción que ya había recibido. Aprovecharía el tiempo libre que tendría por la tarde para ir a comprar de nuevo al mercado. No tardó mucho en estar cambiado y listo para dar una vuelta por la corte. Había pensado que le pediría a Nolwain que le llevase por el edificio, mostrándole todos los lugares que le fuesen posibles. Enseguida se encontró con él. Como ya le había dicho el día anterior, tenía designada aquella zona, así que no le resultó difícil dar con el joven.
-Buenos días Nolwain.
-Buenos días Señor, ¿qué tal ha dormido?
-Muy bien –le mintió. Oye Nolwain, ¿podrías enseñarme el edificio? Estoy totalmente perdido.
-Oh, sí claro –le respondió el chico. Sígame, tenemos un largo tiempo por delante.
Nolwain echó a caminar mientras George le seguía detrás. Se fijo durante unos momentos en él: mediana estatura, pelo castaño no muy largo, delgaducho, caminar alegre…parecía disfrutar su vida en la corte ahora que acababa de empezar. Se imaginó a sí mismo realizando aquellas labores y enseguida cayó en la cuenta de que no sería capaz de trabajar allí como sirviente. Aunque digna, le parecía una vida dura. Él siempre había soñado con batallas, guerreros…seguramente Nolwain también, y sin embargo, se veía obligado a desempeñar otra tarea muy distinta, aunque impregnada de aquel ambiente. Aún así parecía disfrutar de veras.

Le enseñó el comedor, el campo de entrenamiento - donde pudo observar a un buen número de guerreros practicando con las armas -, las caballerías, que aunque ya las había visitado varías veces, no las conocía a fondo. Le presentó a varias personas que trabajaban allí en la corte, la mayoría chicos jóvenes.

sábado 22 de octubre de 2011

Capítulo 13: Una nueva vida

Salió de casa y se encontró con que el día estaba prácticamente oscuro, como si hubiese sido siempre de noche. Se encontraba en un sitio conocido para él, apenas unos matices distintos a como el lo recordaba. En la lejanía oyó el correr de una persona y una especie de galopar más lejano. A los pocos segundos descubrió a un hombre muy parecido a él que corría alocadamente, presa de un profundo terror. Cuando se acercaba a la casa, el hombre gritó el nombre su madre. Al poco rato apareció una mujer muy guapa, su madre, pero mucho más rejuvenecida. Llevaba a un bebé en brazos, cuidadosamente, como temiendo que se le fuese a caer. No entendía nada. George se dirigió a ella preguntándoles que sucedía, pero su madre no parecía oírle. Le habló más alto, hasta acabar gritando, pero nada: la mujer ni se inmutaba. Enseguida el hombre, que intuyó que sería su padre le dijo algo a su mujer y ambos se dirigieron a la parte trasera de la vivienda. Se escuchó el relinchar de un caballo y al poco tiempo ambos salieron montados sobré el animal, cabalgando. Se perdieron en la lejanía. Muy pronto los sonidos que había escuchado lejanos, se acrecentaron y aparecieron unas bestias horribles y muy extrañas, con cuerpo de minotauro y extremidades de leopardo. Mantuvieron la vista fija en la casa. Su mirada se clavó en George, pero no parecían percatarse de su presencia. De nuevo se echaron a la carrera, seguramente persiguiendo al caballo que hacía unos instantes había huido de allí. Los acabó perdiendo de vista, pero de pronto, su cuerpo se transportó para ir a parar a un camino que también reconoció. Se trataba de aquel que conectaba su casa con la ciudad. Apenas tardó en volverse a oír el cabalgar de un caballo. Aparecieron sus padres. Sin embargo, el hombre hizo parar al caballo y se paró, dirigiendo unas palabras a su mujer. Ella no parecía estar de acuerdo. Negaba con la cabeza. El marido se alejó de ella y del bebé y se escondió en el bosque. La mujer lloraba y gritaba, pero al final, tras una orden de su esposo, cabalgó de nuevo y desapareció. Un drenk adelantado al resto apareció y se detuvo, como sospechando algo. Daba la espalda al bosque. Aprovechando la distracción, Johan salió de entre la espesura y se lanzó contra la criatura, clavándole un largo puñal. Esta no pudo evitar la embestida y cayó atravesada. Llegó el resto del grupo y sacaron sus armas, dispuestos a acabar cuanto antes con aquel individuo. Apenas pudo oponer resistencia. Su fuerza y experiencia eran insignificantes comparadas con las de aquellos seres. Al final, cayó atravesado.


George se despertó de golpe sentándose sobre la cama. Estaba empapado de sudor y la respiración se le entrecortaba. Pasó unos minutos en aquella posición, intentando calmar la tensión que tenía, pero le resultaba imposible. Tuvo que pasar un buen rato hasta que se echase para atrás, lentamente, quedando tumbado. Se paró a reflexionar lo que acababa de sucederle. ¿Qué era lo que había llevado a los drenks a atacar a su padre? ¿Había sido todo aquello una mera coincidencia, o sabían de sus salidas al anochecer para cortar leña? No era capaz de encontrar una respuesta a ninguna de aquellas preguntas. Dio unas cuantas vueltas más al asunto y acabó por dormirse de nuevo.

viernes 21 de octubre de 2011

Capítulo 12 (final)

El chico le abrió la puerta e hizo el ademán de marcharse.
-Perdona, ¿cómo te llamas?- le preguntó George antes de que pudiera irse.
-Nolwain, señor-le contestó.
-¿Vives también aquí, en la corte?
-Así es, señor, en la zona reservada a los sirvientes.
-Entiendo- le dijo George-. Entonces supongo que nos veremos más de una vez.
-Por supuesto- asintió el joven-, siempre estoy rondando por esta zona, ya que es la que me corresponde.
-Muy bien Nolwain, encantado de conocerte.
-Igualmente, señor.
Cuando el chico se hubo retirado, George entró en la habitación y cerró la puerta. Permaneció durante unos instantes contemplando la que a partir de ahora iba a ser su nuevo cuarto. Las paredes eran de piedra, mientras que el suelo de madera. Pegada a la pared del fondo había una cama y al lado, una pequeña mesa de madera sobre la cual se encontraban un par de velas apagadas. Una ventana situada a su derecha permitía la entrada de una gran cantidad de luz que alumbraba toda la estancia. También había un armario bastante grande junto a la pared, en frente de la cama, así como un escritorio acompañado de una silla a la izquierda de la puerta. Sin perder más tiempo, se quitó el uniforme, lo guardó en el armario hasta entonces vacío y se metió en la cama. Apenas tardó unos segundos en dormirse. Estaba agotado. Había pasado mucho tiempo montado a caballo, cabalgando, por lo que le dolían las piernas. Tenía los brazos todavía un tanto agarrotados con motivo de la tensión acumulada. Había sido una jornada muy dura, y una jornada para olvidar.

miércoles 19 de octubre de 2011

Capítulo 12 (continuación)

Detenidamente, el oficial leyó la carta y después la dejó encima de su mesa. Se quedó pensativo durante unos minutos, como si el contenido de esta le hubiese afectado seriamente.
-No te imaginas la importancia que tiene que hayas llevado a cabo con éxito tu encargo. Si hubieses muerto tal y como pensábamos, el enemigo contaría ahora mismo con una información trascendental para el reino entero. Muchas gracias George-dijo mientras le cogía del hombro-. Ordenaré que te acompañen a tus nuevos aposentos, espero que te complazcan. Aprovecha el día de hoy para descansar, necesitas aclarar la mente para estar preparado mañana para comenzar tu adiestramiento. Me encargaré de avisar al Consejo de que preparen la ceremonia de tu entrada oficial en la corte, que como sabes no se realiza hasta que tiene lugar el traslado definitivo. Si tienes alguna pregunta, no dudes en acudir a mi habitación. Descuidaré mis tareas con mucho gusto por atenderte.

Tras darle igualmente las gracias, George salió de la habitación y esperó a que el soldado que la custodiaba avisase a un sirviente para que este le mostrase su nueva estancia. Decidió que no saldría en todo el día, aprovecharía para descansar tal y como le había aconsejado John Leravy. Además, tampoco tenía mucho que hacer. Iría en todo caso al día siguiente al mercado, por la tarde, cuando hubiese recibido el dinero, a ver si había algo que necesitase comprar.

Un chico joven le acompañó hasta la que a partir de entonces iba a ser su nueva habitación. Tendría seguramente su misma edad. Recordó que los sirvientes que había en la corte no tenían que realizar ninguna prueba para ser admitidos. Solía tratarse siempre de gente joven, por supuesto de clase social baja como él, que no teniendo la posibilidad de tener a alguien que les enseñara el uso de las armas para poder realizar las pruebas, se veían obligados a trabajar como sirvientes para así sacar a su familia adelante. Sabía que él hubiera tenido que hacer lo mismo si ni hubiese sido porque tuvo la suerte de ir a dar con Frat. Jamás sería capaz de agradecerle todo lo que había hecho por él. No solo le había abierto una vida llena de posibilidades, además se la había dado al evitar que se quitase la vida.

Ambos se detuvieron ante una puerta de madera, bien cuidada y que tenía dibujado en el centro el escudo de la corte.

martes 18 de octubre de 2011

Capítulo 12 (continuación)

Recorrió el entramado de pasillos y escaleras antes de alcanzar la puerta de entrada a los aposentos de su capitán. Esta vez había un soldado custodiándola.
-El capitán está muy ocupado y me ha pedido que nadie le molesté –le aclaró cuando hizo el ademán de entrar.
-Vengo de cumplir una misión muy importante –le dijo George-. Estoy seguro de que estará dispuesto a desatender durante un momento sus ocupaciones.
-¿Cuál es tu nombre?-le preguntó secamente.
-George Harvey, mensajero oficial de la corte.
Al instante el hombre enmudeció y George pudo observar como su cara se tornaba de un color blanco.
-Eso es imposible, nos llegó la noticia de que los drenks te habían tendido una emboscada y habías muerto.
-Bien, haz que el capitán salga y veremos si eso es realmente cierto.
Pidiéndole que esperase fuera, el soldado entró en la habitación y al cabo de unos segundos apareció acompañado del capitán, el cual se sorprendió si cabe más todavía cuando comprobó que George estaba en perfectas condiciones.
-… ¡George!-logró finalmente decir.
Se había quedado petrificado. Todo parecía indicar que toda la corte había dado por muerto a George, o si no, al menos desaparecido.
-Necesito hablar un momento con usted, señor.
-Pasa, pasa- le dijo el capitán mientras le invitaba a entrar con la mano, todavía un tanto conmocionado.
Una vez se hubo cerrado la puerta el capitán comenzó a hacerle todo tipo de preguntas acerca de su misión. Con mucha calma George fue contándole todo lo que le había sucedido a lo largo de aquella semana tan frenética. Cuando le informó del asesinato de su madre, el capitán volvió de nuevo a asaltarle con cuestiones de toda clase:
-Pero, ¿por qué iban a querer los drenks acabar con la vida de tu madre? ¿Cómo se enteraron de vuestra localización? Perdona George, tuvimos que haber tomado medidas –se disculpó. Estaba claro que el haberte convertido en un miembro de la corte contraía nuevos peligros.
-No hay nada que perdonar-le dijo George negando con la cabeza. La corte no podía haber hecho nada para evitarlo. En todo caso la culpa es mía.
-No lo creas George, estabas fuera de tu hogar llevando a cabo una empresa y era imposible que pudieses enterarte de las pretensiones de esas bestias. Realmente no había nada que hacer. Nadie se lo hubiese esperado.
Antes de que George dijese algo, el capitán le aseguró que recibiría una cantidad de dinero para que pudiera adquirir lo que necesitase en su nueva estancia en la corte. Después, George sacó la carta de su uniforme y se la entregó.

lunes 17 de octubre de 2011

Capítulo 12 (continuación)

George asintió levemente con la cabeza. Apenas tenía fuerzas para moverse. Se encontraba inmerso en un mundo de desánimo y desesperanza. Su vida, si no había perdido ya todo su sentido, se encontraba al menos aparcada. Perder a su padre había sido duro para él, pero en el fondo tampoco le había afectado mucho. Desde que tenía uso de razón había vivido con su madre. Ella siempre le había hablado de él, cómo era, cuanto le había querido durante el poco tiempo que pudo tenerle a su lado, y ello había provocado que se sintiese desafortunado al no haberle podido conocerle y que tuviese deseos de vengarse de los drenks por haberle asesinado. Sin embargo, la muerte de su madre la había vivido muy de cerca. Desde que entró en la corte se había hecho la promesa de que la cuidaría y no dejaría que nada malo le ocurriese, una promesa que no había durado ni un año. Se sentía muy culpable de su muerte.
-No puedes sentirte culpable de la muerte de tu madre –le dijo Frat como si le acabase de leer el pensamiento-. Jamás hubieses pensado que podía correr peligro estando tú fuera de casa, puesto que ¿quién iba a tener algo contra ti o contra ella? Está muy claro que los drenks han sido los artífices de tal atrocidad, pero era imposible que sospecharas de sus intenciones, y aunque lo hubieses llegado a sospechar, nadie podía haberles parado. La corte no hubiera hecho nada si hubieses acudido diciendo que temías por la vida de tu madre, puesto que si tuviesen que colocar un soldado en la puerta de la casa de cada familia que teme un ataque de los drenks, entonces no darían abasto. Además tenías un encargo que cumplir, por lo que no podías quedarte toda la vida esperando en tu casa un posible ataque.
George intentó asimilar las palabras de Frat. Sabía que tenía toda la razón. ¿Qué podía haber hecho él? Nada. Ni siquiera aunque hubiese sospechado del plan de aquellas bestias. En todo caso podría haber obligado a su madre a hospedarse hasta su vuelta dentro de la ciudad, pero era inevitable que ella saliese para realizar sus tareas en el campo. Y cuando el regresase, tendría que trasladarse a la corte dejándola sola. Estaba claro que protegerla siempre hubiese sido imposible.
-Tienes razón –le dijo a su antiguo maestro un poco más animado-. Gracias Frat.

Se levantó y salió de la vivienda. Todavía sentía un fuerte dolor que le oprimía, pero ahora, a pesar de todo lo que había perdido, sentía que su vida adquiría un nuevo sentido. Se trasladaría enseguida a la corte y comenzaría allí una nueva vida. Sabía perfectamente que nunca podría olvidar lo que había pasado, pero intentaría que la ira y la desesperación quedasen bien retenidas dentro de sí mismo, controlarlas, ser dueño de su propio ser, como Frat le había enseñado. Sería muy difícil lograrlo, puesto que la ofensa recibida y el daño producido eran muy fuertes, pero merecía la pena intentarlo. Ahora quería vivir.

Por el camino siguió animándose, mientras se acercaba a la corte, que a partir de entonces sería su nuevo hogar, y lleno de nuevas esperanzas, atravesó el portón de entrada, tras haber dejado a Estëlla en las caballerías. Confiaba en que se recuperase cuanto antes del gran esfuerzo que había realizado y que no se resintiese de este. Recordó que todavía no había cumplido su misión: todavía tenía que entregarle a su capitán, John Leravy, el mensaje que el rey Zörthpäk le había entregado.

viernes 14 de octubre de 2011

Capítulo 12 (continuación)

Frat había construido una estructura a base de troncos de árboles que lo sostenía, una especie de camilla. Lentamente fue acercándose. Se arrodilló a la altura de la cabeza de su madre y, apoyando su frente contra la de ella mientras le sujetaba la cabeza con sus manos, se echó a llorar, amargamente. Al cabo de un rato notó unos golpes suaves en la espalda que intentaban consolarle y escuchó la voz de Frat:
- Ánimo chico.
Aunque aquellas palabras no suponían un gran consuelo para él, eran las mejores que nadie podía haberle dirigido en aquel momento. Frat le dejó que estuviese un rato más junto al cuerpo de su madre, desahogándose. Después, juntos, transportaron el cadáver y lo depositaron con cuidado sobre el suelo en un pequeño claro del bosque. Entonces, valiéndose de unas piedras y unas cuantas ramitas secas, Frat encendió un pequeño fuego y prendió las ramitas. Se dirigió hacia el cuerpo y se dispuso a prender la estructura que lo soportaba.
-Me gustaría ser yo quien lo hiciese-le dijo entonces George.
-¿Te ves con fuerzas?-le preguntó Frat.
-No, pero debo hacerlo igualmente.
Le ofreció a George las ramas y observó como este hacía arder la estructura de madera, prendiédola por cada una de las cuatro esquinas. Pronto el cuerpo comenzó también a arder, levantando un gran fuego. Frat se acercó a su antiguo pupilo y le rodeó con los brazos, dejando que se apoyase sobre su pecho mientras lloraba de nuevo. Estuvieron un rato más contemplando como se consumía el cuerpo y marcharon después a la cabaña de Frat, en silencio, un silencio que no se rompió hasta que, tras haber acabado de comer, Frat se dirigió a George:
-Será mejor que intentes olvidarlo todo cuanto antes George. Por supuesto no quiero decir que no le des importancia a lo que ha sucedido, sino que intentes concentrarte de nuevo en tu trabajo y tu nueva vida. Sabes además que tu madre lo hubiese querido. Puesto que ya nada te ata aquí, deberías trasladarte esta misma tarde a la corte. Seguramente, si informas de lo sucedido, te darán una cantidad de dinero para que puedas comprarte lo que necesites para vivir allí, puesto que no hay nada que puedas rescatar de tu casa.

miércoles 12 de octubre de 2011

Capítulo 12 (continuación)

Sin embargo, no logró incrustársela. Dos fuertes manos le asieron por las muñecas, impidiendo que pudiese quitarse la vida. Giró su cabeza y comprobó quién había sido el artífice de aquella acción: Frat, su antiguo maestro, se encontraba pegado a su espalda, sujetando con sus manos las dos muñecas de George, bloqueando su movimiento. George intentó zafarse de aquellas manos, pero Frat le sujetaba con mucha fuerza.
-¡Déjame Frat, déjame!-gritó desesperadamente intentando liberarse de Frat para llevar a cabo su intención.
-No George, no sabes lo que estás haciendo-intentó convencerle Frat.
-¡Lo sé perfectamente, suéltame!-volvió a gritar George.
Pero Frat no estaba dispuesto a ceder a sus súplicas.
-Tanto tiempo preparándote ¿y todavía no has aprendido a controlar tus emociones?
-Están absolutamente controladas. ¡Suéltame o tendré que acabar contigo!
Estaba fuera de sí por completo. La desesperación y el odio se habían apoderado de él.
-Ahora mismo no eres capaz, sabes de sobra que la ira no es una buena compañera en el combate si no se controla.
Pero George no le hacía caso. En ese momento no era capaz de razonar, la furia le cegaba.
-Eso ya lo veremos.
Y diciendo esto, volvió a intentar liberarse de Frat, el cual, habiendo trazado un plan en su cabeza para acabar con aquella situación, permitió que George lo hiciera, aflojando la fuerza que estaba ejerciendo.
Olvidando cuales habían sido sus primeras intenciones, George levantó su espada y descargando toda su furia en el golpe, se lanzó contra Frat, que no tuvo más que apartarse para evitar el ataque, viendo como George caía de golpe contra el suelo. Todavía rabioso intentó levantarse, pero una fuerte patada en la cabeza se lo impidió, dejándole sin sentido.

Despertó al cabo de unos minutos, tumbado sobre una pequeña cama de madera. Al principio llegó a pensar que todo había sido un horrible sueño y que se encontraba todavía en la corte de Tröi Phae, recuperándose de la misión. Bastó con echar una mirada a la habitación para darse cuenta de aquello que tanto le atormentaba había ocurrido en realidad. Se encontraba mucho más calmado, aunque todavía la ira recorría su cuerpo. La cabeza le daba vueltas, sentía un fuerte dolor. Tenía un pequeño trapo húmedo sobre la frente, el cual le aliviaba un tanto el dolor. Realmente Frat le había golpeado bien. Recordó que hacía un momento había intentado acabar con su propia vida, y agradeció que Frat hubiese estado allí para evitarlo. No era capaz de comprender cómo había podido llegar a aquella situación. Intentó en vano no recordar la imagen de su madre tendida sobre su cama, atravesada por una lanza. De nuevo las lágrimas volvieron a asomar en sus ojos. Intentó calmarse y se levantó de la cama. Salió de la cabaña, descubriendo el cuerpo de su madre. Estaba cubierto por una sábana que lo ocultaba.

martes 11 de octubre de 2011

Capítulo 12 (continuación)

George se dejó caer sobre el suelo y permaneció un buen rato recuperándose del esfuerzo realizado. Le costaba coger aire y sentía nauseas. El haber estado tanto tiempo en cama le había debilitado y hecho perder parte de la forma que había adquirido con los entrenamientos. Finalmente se levantó, lanzando un silbido al aire. Al cabo de unos segundos se escuchó el trotar de un caballo. Estëlla salió de entre la espesura y acudió al sitio desde el que George la esperaba de pie. George se subió a su montura e inició de nuevo la carrera, esta vez a un ritmo más ligero.

Cuando comenzaba a amanecer pudo por fin divisar las murallas de su ciudad. Suspiró profundamente. Había sido una misión mucho más dura de lo que jamás hubiese esperado. Un olor extraño rodeó el ambiente y le hizo alzar la cabeza, buscando con su mirada la fuente de la cual provenía. Divisó una gran humareda proveniente del exterior de la ciudad. En un primer momento llegó a pensar que se trataría del humo de una hoguera que alguien habría encendido para calentarse durante la noche, pero enseguida descartó esa idea: la idea de que alguien decidiese pasar la noche en el bosque era completamente absurda, sobre todo con los tiempos tan peligrosos que corrían. Hizo que su caballo acelerase el paso. Siguió contemplando la gran masa de humo, llegando ha descubrir unas llamas que salían de algún sitio. Se levantó lo que pudo sobre su montura y contempló la escena, aterrorizado. Su casa se encontraba cubierta por la humareda, la cual apenas permitía distinguirla. Algunas llamas salían todavía de entre la madera, pero se trataba tan solo de pequeños focos, puesto que la vivienda llevaba ya varias horas ardiendo. Clavó sus pies en su caballo y galopó a un ritmo frenético hasta llegar a la puerta trasera. Poco importaba ya que se encontrase o no cansado. En aquel momento, le daba igual cualquier cosa, solo quería entrar y buscar a su madre. A lo mejor había descuidado el fuego preparando el desayuno y no había podido luego apagarlo…a lo mejor. Bajó de su montura cuando todavía esta no se había detenido, desestabilizándose y cayendo de bruces contra el suelo. Se levantó dolorido y corrió hacia la puerta mientras gritaba: “¡Madre, madre!”. Según abrió la puerta, una viga cayó del techo, directa hacia él. Justo en el último momento pudo echarse a un lado y esquivarla, salvando su vida. Comenzó a recorrer la casa, mientras seguía gritando. Llegó a la cocina, pero no descubrió nada que le indicase que el incendio se había producido por un despiste. Entró corriendo en la habitación de su madre, pero esta no estaba allí. La cama, aunque destrozaba, daba signos de haber acogido durante aquella noche el cuerpo de una persona. Cuando ya hubo buscado a su madre por todo el piso de abajo, subió corriendo las escaleras, lo que quedaba de ellas, llegando a su habitación. Allí sobre la que había sido su cama hasta entonces, yacía el cuerpo de su madre, atravesado por una lanza. Gritando desesperadamente corrió hasta la cama y se echó sobre su cuerpo. Con mucho esfuerzo consiguió sacar el arma incrustada del cuerpo de su madre, lanzándola con furia contra la pared. Oyó el resquebrajar de una viga sobre su cabeza y se apresuró a sacar el cuerpo inerte de su madre de allí. Llegó al pisó de abajo y salió de la casa, a tiempo para contemplar como esta se venía completamente abajo. Se dejó de caer de rodillas al suelo, sujetando a su madre con los brazos. Unos gritos desgarradores se oyeron por todo el bosque. Todavía no había alcanzado la mayoría de edad y ya había perdido a su padre y a su madre, ambos asesinados salvajemente. Todo el sentido que había podido llegar a tener su vida, se había esfumado por completo. Cegado por la desesperación, desenvainó su espada, la asió con sus dos manos y la atrajo hacia él, directa a su pecho.

sábado 8 de octubre de 2011

Capítulo 12: El regreso

Al contrario que la noche previa a su primera misión, aquella vez si comió en abundancia. Si por la razón que fuese volvía a ser atacado, era imprescindible estar con las fuerzas al máximo, aunque sabía que si le volvían a pillar desprevenido, no tendría igualmente nada que hacer. Como en la anterior ocasión, partió en silencio. Una vez hubo penetrado en el bosque, los nervios afloraron en él. Hacía tan solo una semana que había sido sorprendido y atacado por los drenk, saliendo con vida gracias a las destreza de su caballo, y ya estaba de nuevo inmerso en la oscuridad de dicho paraje. Debía mantener la calma y estar atento a cualquier ruido. Procuraba ir por las zonas menos espesas, aunque sabía que ello supondría alargar su cometido. Sin embargo, prefería salvar su propia vida. La primera mitad del trayecto transcurrió sin problema alguno. De vez en cuando se escuchaba el aullido de algún lobo o el aletear de un pájaro, pero nada que le resultase extraño. Hasta que percibió algo que no le gustó nada. Se descolgó el arco de los hombros, lentamente, procurando hacer movimientos ligeros. Sacó una flecha del carcaj y la colocó sobre el arco. Con dos dedos llevó la flecha hacia atrás, tensando la cuerda, apuntó cuidadosamente y disparó en dirección a unos altos arbustos. Casi al instante se escuchó un ligero grito que le indicó que estaba en lo cierto: no estaba solo. Ahora tocaba correr. Espoleó a su montura lo más rápido que le permitieron sus piernas. Esta, reaccionó de inmediato, comenzando a galopar. Al mismo tiempo, surgió de entre la espesura un grupo de drenks similar al que le había atacado la vez anterior. Comenzaron a perseguirles poniendo todo su empeño, como el leopardo que persigue a su presa. En poco tiempo, aquello se convirtió en una verdadera persecución. Los drenks comenzaban poco a poco a acercarse peligrosamente. Justo cuando una de aquellas criaturas se disponía a saltar sobre uno de los lomos de Estëlla, George la hizo girar, bruscamente pero con agilidad, evitando la embestida, que lanzó un rugido de rabia. Por primera vez en toda la persecución, una flecha pasó silbando muy cerca de George, que hizo un ligero movimiento hacía abajo con la cabeza, como si el proyectil fuese a alcanzarle. Los drenks se acercaban cada vez más. George, al igual que su caballo, comenzaba a agotarse, llevaban un buen rato manteniendo la persecución y sin embargo no habían conseguido alejar a los drenks. Acabarían atrapándoles si no tomaba otra decisión. Comenzó a dirigirse hacia la zona de mayor espesura del bosque, y aprovechando la ligera ventaja que todavía mantenían con aquellas bestias, decidió parar y bajarse de su montura, escondiéndose tras unos matorrales. Le dio una palmada en el lomo, haciendo que se alejase de su posición. Enseguida se volvió a escuchar el correr de los drenks. George se había asegurado de encontrar un buen escondite, bien tapado, por lo que confiaba en que les fuese muy difícil dar con él. Pero los drenks, por el hecho de ser como animales, tenían desarrollado un buen olfato. Se pararon cuando dejaron de oír el galopar de su caballo y comenzaron a rastrear el ambiente. George sabía que no podría quedarse escondido durante mucho más tiempo, así que optó por otra opción distinta a la de quedarse simplemente agazapado. Iba a tratarse con toda seguridad de su única oportunidad para salir vivo de allí. Repitiendo el mismo gesto, sacó una flecha, la colocó en su arco, tensó y soltó. Inmediatamente, el drenk más cercano a su posición, cayó al suelo atravesado por una certera flecha. Al instante, los cuatro drenks que quedaban se giraron hacia el lugar donde yacía su compañero. Alarmados, sacaron sus armas. Dos flechas más volvieron a silbar, en apenas unos segundos, de manera consecutiva, alcanzando a otras dos bestias que cayeron también atravesadas. Fue entonces cuando los dos drenks que quedaban descubrieron dónde se escondía George. Este, sin perder un instante, guardó su arcó y desenvainó su espada, justo a tiempo para incrustársela en el vientre al primer drenk, el cual se había abalanzado sin pensarlo sobre los arbustos que protegían a George, dispuesto a descuartizarlo. Todo había salido según lo planeado, pero todavía tenía que mantenerse concentrado: quedaba uno. Este último prefirió esperarle fuera de los arbustos, con el arma preparada. Así el combate sería más igualado. George salió de su escondite y se dispuso a luchar. Sabía que a priori su contrincante era más fuerte y estaba mejor preparado que él, por lo que tendría que estar atento a todos sus movimientos, aprovechando cualquier descuido que pudiera tener. Pero para su sorpresa, lo primero que hizo su enemigo fue sacar un puñal de la cintura y lanzárselo, directo al pecho. Había jugado sucio. A duras penas pudo observar la trayectoria del arma y esquivarla con su espada, recibiendo un corte en su brazo derecho y quedando de rodillas sobre el suelo. Aprovechando aquella jugada, la bestia se lanzó contra él con toda su furia. El choque de las dos armas fue brutal. George, aunque consiguió parar el ataque, cayó al suelo debido a la fuerza de la embestida, apoyándose con una sola mano. Pudo apartarse por suerte justo cuando la criatura lanzó contra él la que pretendía que fuese la estocada definitiva. Logró rehacerse y ponerse de pie, listo para un nuevo ataque. Los ataques del drenk se sucedían una y otra vez, fuertes, sin piedad. George, a pesar de detenerlos todos, comenzó a fatigarse. El ritmo era frenético. Necesitaba hacer algo rápido. Ambas armas volvieron a chocar con estrépito. Aprovechando lo cerca que se encontraban el uno del otro, lanzó una patada contra el estómago de su oponente, cogiéndole desprevenido y haciéndole retroceder. De nuevo partiendo con la ventaja de un movimiento inesperado, lanzó su espada contra la bestia. El arma se clavó en el cuerpo del objetivo, rígida, y la criatura cayó muerta al suelo, tras varios alaridos de furia.