jueves 15 de diciembre de 2011

Capítulo 13 (continuación)

El cielo estaba cubierto por las nubes cuando salió aquella tarde. Aunque no le apetecía descansar, debía volver pronto a la corte para hacerlo. Quería empezar con buen pie la relación con su nueva maestra, y el mejor modo de conseguirlo era haciéndole caso. No podía notar a la mañana siguiente que no había descansado lo necesario. Mientras se dirigía al mercado por tercera vez en aquel mes, revivió el momento en el que ella se le había acercado. Desde el primer momento se había visto impresionado por su manera tan dura de ser, completamente distinta a la de Frat, que había sido para él el padre que no había tenido. Sin embargo, Hellen le había tratado de una forma un tanto grotesca y altanera a su parecer. Solo esperaba ganársela con el tiempo y demostrarle la suerte que había tenido cuando al haber sido la elegida para cuidar su formación.

Se respiraba el mismo ambiente de siempre en el mercado. Las personas iban y venían de un lugar para otro, alocadas, como si les fuese la vida en ello, como si en cualquier momento los artilugios fuesen a desaparecer de su vista, perdiendo la oportunidad de comprarlos. Aquella misma tarde, antes de partir, George había recibido una pequeña ayuda económica para adquirir lo que le fuese a hacer falta en la corte. Se había asegurado primero de hacerse con otro traje antes de marchar al mercado, donde decidió que compraría lo justo y necesario, sobre todo vestimenta y objetos domésticos. Esta vez le costó algo más encontrar el puesto que buscaba. Siempre que había acudido a aquel lugar había centrado su atención en las armas y otros productos de mayor interés que los que ahora necesitaba, los cuales habían sido siempre tarea de su madre. Apenas gastó la mitad del dinero que había recibido. Su camino de vuelta le obligó a pasar entre los puestos de espadas, lanzas, arcos y demás artículos de guerra. Recordaba alguna de las caras de los vendedores, a los que saludó. Cuando pasó por las espadas, observó que la persona que le había atendido en la anterior ocasión no se encontraba allí. En su lugar se encontraba un hombre joven con cara de despistado. Mantenía la mirada perdida en la lejanía. Aquello le resultó realmente extraño. Por lo general, los comerciantes eran siempre los mismos, ya que el negocio les pertenecía a ellos. En raras ocasiones enviaban a atenderlo a algún pariente. Sin embargo, la persona que ahora dirigía aquel puesto no guardaba relación alguna con su anterior dueño. Ni siquiera había un rasgo que pudiera identificarle con el hombre que le había atendido. Muy pronto comprobó que no se le parecía ni en el modo de ser. Al contrario que su antiguo dueño, la persona que ahora regentaba el negocio era muy nerviosa y asustadiza. Por el contrario, el hombre que había conocido hacía unas pocas semanas se había mostrado desafiante y su comportamiento había llegado a ser insultante. Intentó recordar la conversación que habían mantenido…cayendo en la cuenta del grave error que había cometido.