martes 22 de noviembre de 2011

Capítulo 13 (continuación)

Observó durante unos segundos el grupo de maestros, no tardando en reparar con la figura de su nueva maestra. Le bastó con comparar a las dos mujeres que se encontraban en aquel lugar para saber cual era: intentaba mantener la compostura aunque se le notaba más afectada que a su otra compañera.
El hombre esperó a que los cuchicheos y murmullos cesasen y continuó:
-A partir de este momento quedas subordinado a tu nueva maestra. Tómala como modelo y llegarás a ser el caballero que la corte necesita. Nos eres muy importante, George.
Sin pretenderlo su vida estaba ahora sujeta a dos personas que ejercían la función de un padre y una madre: John Leravy, su capitán; y Hellen Collingham.
-Doy por concluida esta ceremonia. Esperamos que tu nueva vida en la corte sea instructiva y placentera.
Los demás miembros de la mesa que habían presidido el acto, se levantaron y siguieron al que después George descubrió que se llamaba Philip Weir, aquel que le había enviado la carta que le informaba de que había superado la prueba y que había sido nombrado consejero. Juntos desaparecieron por la parte trasera de la sala. Los maestros y demás personas que formaban parte de la corte se levantaron también y fueron desalojando la sala. A continuación les siguió la gente de la ciudad que había acudido aquella mañana a presenciar la ceremonia. Una de las personas de la corte se separó del grupo y se dirigió hacia el: era su nueva maestra. Caminaba con una pequeña sonrisa y paso decidido. A pesar de su porte juvenil, –no tendría más de treinta años- imponía respeto. El hecho de que no se mostrase seria hizo que se sintiese algo más cómodo. Su estatura era similar a la suya. Tenía los ojos del mismo color que se pelo: castaños. Y al igual que él portaba una espada que pendía de su cinto.
-Como ya sabes soy Hellen Collingham, tu nueva instructora – le dijo mientras le daba la mano-. Comenzaremos mañana con la instrucción. Esta tarde sería bueno que aprovechases para descansar, mañana te espera un día muy duro, te lo aseguró. Acabas de recuperarte de una dura misión y necesitas coger las máximas fuerzas posibles si quieres aguantar el ritmo de los entrenamientos. Empezaremos con una parte más teórica para acabar con el manejo de las armas. Para ser más exacta, empezaremos con el aprendizaje de las costumbres y modales. Creo que te vendrá muy bien, puesto que no sabes ni cómo saludar a una mujer que se encuentra por encima de tu rango.

Al momento, su cara se enrojeció y deseó salir corriendo de allí. A pesar de que desconocía por completo cuales eran esos modales y costumbres a las que se había referido, se dio cuenta de que había metido la pata al haberla tratado como si fuera su hermana. Ella le había tendido la mano no para que la estrechase simplemente con delicadeza, como lo había hecho, sino para que actuase de una manera que el desconocía. Se arrepintió de que Frat no le hubiese enseñado aquellas maneras de comportarse. Él siempre se había mostrado reticente a aprender aspectos que le habían parecido estúpidos, lo cual había terminado por lograr que su antiguo maestro se centrase en otros aspectos más prácticos. Ahora era cuando empezaba a valorar aquella enseñanza aparentemente nimia.
-Por cierto -le dijo mientras se daba la vuelta para salir de la estancia-, bienvenido a la vida monótona.